Bellísima composición de Guilleme de Machaut, quizá el más celebrado músico polifónico del siglo XIV. Tras la evolución del canto gregoriano con la adición de más voces, que él dominaba por completo, también destacaban cantos profanos en forma de motetes, como el que aquí traigo. Machaut fue también un excelente poeta al que se compararía con Petrarca.
Dulce dama bella,
por Dios no pienses nunca
que alguien señorea...
sobre mí, excepto tú.
Dulce dama bella,
por Dios no pienses nunca
que alguien señorea...
sobre mí, excepto tú.
Que siempre, sin traición
te quise y humildemente
cada día de mi vida te serví
sin pensamientos vulgares.
¡Ay!, y yo mendigo
por esperanza y ayuda,
pues mi alegría terminó
si no me tienes piedad.
Dulce dama bella,
por dios no pienses nunca
que alguien señorea
sobre mí, excepto tú.
Pero tu dulce dominio domina
mi corazón tan duramente
que lo atormenta y lo ata
con puro amor.
Y él nada desea
sino estar en tu poder;
y sin embargo no le da
tu corazón ningún alivio.
Dulce dama bella,
por dios no pienses nunca
que alguien señorea
sobre mí, excepto tú.
Y en cuanto mi enfermedad jamás
será anulada
sin ti, dulce enemiga, que deleite
tomas de mi tormento,
con las manos unidas suplico
a tu corazón que se apiade
y compasivamente me mate,
pues ya languidecí muy largamente.
Dulce dama bella,
por dios no pienses nunca
que alguien señorea
sobre mí, excepto tú.
te quise y humildemente
cada día de mi vida te serví
sin pensamientos vulgares.
¡Ay!, y yo mendigo
por esperanza y ayuda,
pues mi alegría terminó
si no me tienes piedad.
Dulce dama bella,
por dios no pienses nunca
que alguien señorea
sobre mí, excepto tú.
Pero tu dulce dominio domina
mi corazón tan duramente
que lo atormenta y lo ata
con puro amor.
Y él nada desea
sino estar en tu poder;
y sin embargo no le da
tu corazón ningún alivio.
Dulce dama bella,
por dios no pienses nunca
que alguien señorea
sobre mí, excepto tú.
Y en cuanto mi enfermedad jamás
será anulada
sin ti, dulce enemiga, que deleite
tomas de mi tormento,
con las manos unidas suplico
a tu corazón que se apiade
y compasivamente me mate,
pues ya languidecí muy largamente.
Dulce dama bella,
por dios no pienses nunca
que alguien señorea
sobre mí, excepto tú.
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