martes, 17 de octubre de 2017

Coleccionar buenos recuerdos

Se cuenta que un hombre estaba cansado de que su jefe lo maltratara. Así fue que un día decidió guardar una piedra que le hiciera recordar cada insulto, cada desprecio, cada humillación que el jefe le hiciera. Esa sería su forma de no olvidar tanto abuso y reclamar justicia. 

Así, día tras día, en el bolsillo de su chaqueta fue guardando piedras que le recordaran los agravios de su jefe. Pero al cabo de cierto tiempo y a causa del peso, el bolsillo de la chaqueta se le rompió. Entonces el hombre se compró un maletín grande y allí siguió colocando piedras. Cuanto mayor era la injuria por parte de su jefe, más grande era la piedra que guardaba. El maletín se puso tan pesado que el hombre adquirió una maleta de viaje con ruedecitas para guardar más piedras. Todos los días arrastraba su maleta cuando iba al trabajo y todos los días regresaba a casa con más piedras. Un día, el jefe estalló en risas al ver a su empleado arrastrar semejante maleta: “¡Usted sí que es un verdadero idiota!”, le dijo. 

Ya no tenía espacio en los bolsillos, en el maletín ni en la maleta con ruedecitas, así que el hombre decidió empezar a guardar piedras en su casa. ¡Él debía hacer memoria de cada injusticia o cada insulto! Como su jefe lo seguía maltratando, en poco tiempo la casa del hombre comenzó a llenarse de piedras. Había piedras en el jardín, en la cocina, en la sala en el dormitorio y hasta en el baño. El tiempo pasaba y día tras día el hombre iba a su trabajo con los bolsillos, el maletín y la maleta llenos de piedras, y regresaba a su casa, donde ya no cabía una piedra más. 

Una tarde, mientras el hombre estaba sentado sobre un montón de piedras en su jardín, pasó alguien que resultó ser geólogo. Impresionado por la cantidad y variedad de ejemplares, el geólogo hizo correr la voz y rápidamente profesores, decanos, adjuntos, doctores y estudiantes de geología llegaron hasta la casa del hombre para admirar su bellísima colección de piedras. “¿Es usted un geólogo experto? ¿Cómo consiguió hacerse con una colección de piedras tan completa?”, le preguntaron. Un poco avergonzado el hombre les contó que todo había empezado con una piedrecita que guardó para recordar que lo habían agraviado. Cuando su jefe volvió a insultarlo guardó otra y después otra más. Tantas veces lo había agraviado su jefe que su casa se terminó llenado de piedras. “¡Qué triste es su historia, señor!”, comentaron los geólogos sorprendidos, y se retiraron del lugar. 

Ocho meses más tarde, los geólogos volvieron con nuevos alumnos a visitar la colección de piedras del hombre, pero al llegar a la casa observaron que ya no había ninguna piedra y todo el jardín estaba repleto de flores. Cuando llamaron a la puerta y el hombre los recibió, se asombraron al ver que el interior de la casa también estaba lleno de flores de todos los tamaños y colores. ¡Incluso tenía flores sobre los zapatos que calzaba! Al ver la cara de desconcierto de los geólogos, el hombre explicó: “Yo juntaba una piedra por cada agravio, por cada dolor, pero ustedes me hicieron reflexionar. Resolví que en vez de guardar piedras por cada agravio, ahora plantaría una semilla por cada cosa bonita que me pasara. Por eso cambié mi colección y ahora reúno flores.”


lunes, 16 de octubre de 2017

Carlo Gesualdo

Carlo Gesualdo, príncipe de Venosa, es uno de los músicos más conocidos del Renacimiento italiano. Pero también un marido justificadamente celoso. Casado a los 30 años con su prima María de Avalos, empezó a sospechar cuatro años después que su mujer le mentía. Pensando en una infidelidad, le tendió una trampa.
El 16 de octubre de 1590, hoy hace 427 años, dijo a su mujer que se iba de caza durante dos días y se escondió en el palacio. Por la tarde, tras escuchar ruidos significativos, entró en el dormitorio de su mujer encontrándola con Fabrizio Carafa, duque de Andría. Despechado, mató a ambos y los mandó descuartizar. La justicia de la época le dio la razón.
Adjunto una pieza musical donde se aprecia la "tierna sensibilidad" del príncipe Carlo Gesualdo

viernes, 13 de octubre de 2017

Hubo un tiempo...

Hubo un tiempo en que pasear por las calles de París a medianoche era un placer; las luces iluminando el Sena y los puentes reflejándose en sus aguas. Los pequeños bristro, las terrazas en las esquinas de los bulevares, las empinadas escaleras subiendo hacia el Sagrado Corazón... Hubo un tiempo en que pasear a medianoche por París bajo la lluvia era un sueño.

LA CAPSULA DEL TIEMPO...

Un simple aroma, una frase, un sonido, una imagen, se convierten muchas veces en un potente despertar de sentidos y recuerdos olvidados, donde el tiempo retrocede y el espacio se dilata para dejar aflorar hechos y sensaciones perdidas en el inconsciente de la existencia… Marcel Proust trató el tiempo y su continuidad en su extensa obra “En busca del tiempo perdido” y que leí a mis 17 años.
A pesar de que el tiempo avance y se empeñe en hacernos olvidar muchas de las cosas que vivimos, los recuerdos siempre permanecen en nosotros. El inconsciente en un gran almacén donde las vivencias se guardan como si de un gigantesco disco duro se tratara. Solo hay que saber llegar a esos recuerdos desde el presente generando para ello puentes hacia donde se encuentran. Esta necesidad de recordar, de ser conscientes de que la vida continúa y el mundo sigue girando a pesar de ello, se perpetúa también en la fotografía, en la música, en las artes... como puentes físicos que nos enlazan y proyectan hacia estados distintos de nuestros pasados.
“LA CÁPSULA DEL TIEMPO” viene a ser como esa magdalena y taza té que hizo regresar a Proust en “los caminos a Swann” a los recuerdos de su infancia olvidada. En esta sección os invito a conocer mis recuerdos sensitivos con canciones que quedaron profundamente almacenada en mi inconsciente. Poco a poco iré colocando las que más han marcado mi forma de ser, sentir y pensar. Empezaré con un tema que forma parte de una tremenda y dramática película acerca de la vida y la amistad que dejó en mi una huella reflexiva irrepetible... "Midnight Cowboy" (1975) dirigida por John Schlesinger e interpretada por Dustin Hoffman y John Voight. El film obtuvo 3 Óscars: mejor película, mejor dirección y mejor guión adaptado. Aparte tuvo distintos premios adicionales. El tema es...
Everybody's Talkin' cantada por Harry Nilsson quien ganó por este tema un Premio Grammy como mejor interpretación vocal pop masculina.

lunes, 9 de octubre de 2017

Tomaso Albinoni

Albinioni "Tomaso Albinoni Concerti a cinque Op.10". Los Concerti a cinque con violini, oboe, violetta, violoncello e basso continuo Opera Nona (Conciertos a cinco para violines, oboes, violas, violonchelos y bajo continuo, opus nueva) de Tomaso Albinoni fueron publicados en Ámsterdam en 1722, cuando el compositor, de 51 años de edad, se encontraba con plenas facultades musicales. Como el opus 7, que fue editado siete años antes, esta obra es un conjunto de doce conciertos de tres movimientos cada uno, los números 1, 4, 7 y 10 son para violín solo, los números 2, 5, 8 y 11 son para oboe solo y los 3, 6, 9 y 12 para dos oboes.1​ Están dedicados al Príncipe elector Maximiliano II Manuel de Baviera.

La pieza más famosa de la Opus 9 de Albinoni es el concierto de re menor para oboe (Opus 9, Número 2). Tiene un sonido lento, y es reconocido debido a esto.




Sean Young

Miro a esta mujer aún guapa, pese al alcoholismo que ha presidido parte de su vida, con una linda sonrisa pero ¿dónde está la fascinación de aquel personaje que interpretó en Blade Runner? Los aficionados a esa película salimos perdidamente enamorados de Sean Young. Miradla bien, pese a la inclemencia del tiempo transcurrido, algo aún sobrevive.



William Gómez

William Gómez fue un guitarrista y músico español que murió en el 2000. Dejó para la historia musical un "Ave María" que adquirió gran fama, entre otros motivos gracias a la interpretación de grandes cantantes como Elina Garanca.