martes, 12 de julio de 2016

La sabiduría que dan los años

En un momento de mi vida que dataría en mis cuarenta años observé que podía prever consecuencias que otros a mi alrededor, más jóvenes o menos reflexivos, no acertaban a adivinar. Me dije entonces que sentía como si fuera una hormiga que, en su caminar, llega hasta el borde de una hoja para seguir haciéndolo por el envés. Sin embargo, la hoja es translúcida y podía observar a otras hormigas que caminaban por el haz de la hoja siguiendo mi camino, ajenas a que yo veía por dónde iban, que sabía dónde habrían de llegar pero de las que me separaba el fino grosor de la hoja, que hacía casi imposible el reconocimiento.
Porque lo cierto es que cada uno debe adquirir su propia sabiduría, vivir sus experiencias, cometer sus errores, navegar en la nube de los pequeños éxitos alcanzados. Esa sabiduría del anciano, los consejos y batallitas que somos capaces de dar, sirven de poco. En el fondo, cada uno cree que lo hará distinto porque es probable que para él la misma experiencia sea diferente, aunque dé lugar a las mismas consecuencias. La sabiduría ajena queda allí, en el fondo de la vida, como un magma que sostiene un conocimiento colectivo en el que recaemos cuando ya hemos sido derrotados por los años y los tropiezos.
Está bien, vamos a suponer que tengo cierta sabiduría, que he aprendido de la vida, que puedo dar valor a los actos y pensamientos, a las ideas y creencias, y actuar en consecuencia. Pero esa sabiduría la he adquirido por mí mismo, del hecho de enfrentarme a la realidad y salir trasquilado o, por el contrario, haber triunfado sobre ella. Cuando era joven escuchaba consejos, advertencias, pero no hacía caso de nadie. Todo lo he comprendido cuando la experiencia ya había pasado: “Sí, cuánta razón tenía fulano, ya me lo advirtió mengano”.
Si esto es así y casi siempre es así ¿de qué me sirve la sabiduría si no puedo transmitirla, si mis consejos entrarán por un oído de los que son más jóvenes y saldrá por el otro? ¿No hice yo lo mismo? Por otra parte, puedes decirte: ¿me es útil? Ciertamente, puedo comprender mejor lo que me sucede y, sobre todo, lo que les sucede a otros, pero ya no puedo intervenir en su vida y la mía no presenta repetidos los retos de antaño.
Cuando vives alguno de esos retos, no dispones del conocimiento para enfrentarte a él, y cuando lo adquieres, ese reto ya ha pasado y no vuelve a presentarse. Aprendemos sobre hechos ya vividos, no para los que vendrán, que son nuevos y distintos. Si además, la sabiduría no podemos transmitirla ¿para qué nos sirve?

jueves, 7 de julio de 2016

Felix Mendelsshon

¡Qué hermosos estaban los bosques y los campos!
¡Qué triste está ahora el mundo!
El hermoso verano ya pasó
y tras la dicha llega la tristeza.
Nada sabíamos de problemas,
nos sentábamos bajo el techo de hojas,
alegres y dichosos a la luz del sol,
y al mundo le cantábamos.
Sufrimos mucho, pobres pajarillos:
hemos perdido nuestro hogar,
ahora debemos huir de aquí
rumbo a esa vastedad desconocida.
..................
Felix Mendelsshon


Facundo Cabral

Hace cinco años que nos arrebataron a Facundo Cabral, qué gran hombre. El día que yo me muera...

miércoles, 6 de julio de 2016

Léo Lagrange

Más o menos cada 1 de julio, inicio de vacaciones, me acuerdo de Léo Lagrange, francés bien plantado de la Gironde que de chaval anduvo en los scouts y antes de cumplir los 18 se fue a la I Guerra Mundial a vete a saber qué. Lo que vio le horrorizó y a la vuelta entendió que el mejor antídoto contra la guerra son sociedades educadas y formadas en el respeto al otro. Se hizo abogado y defendió a cientos de deshechos humanos, gaseados y triturados en las trincheras, para ayudarles a recuperar su maltrecha dignidad.
Militante socialista en la Sección Francesa de la Internacional Obrera, es partidario de construir codo con codo con los comunistas una sociedad más de iguales, en la que el acceso al deporte y el ocio deben ser fundamentales, una vía al derecho a la felicidad.
Léo Lagrange es elegido diputado y acaba de subsecretario de Estado para los deportes y la organización del tiempo libre en el gobierno de Léon Blum, que crea un ministerio inaudito entonces, el ministerio de Salud Pública, que habla del derecho a practicar deporte sin necesidad de competir o enardecer estadios envueltos en banderas y del derecho a disfrutar del tiempo libre. Léo Lagrange y sus colaboradores articulan una ley hermosa: los 15 días de vacaciones pagadas.
El 21 de junio de 1936, el gobierno del Frente Popular lleva la ley al Parlamento para su aprobación. Lagrange consigue un billete de tren de vacaciones anuales con un 40% de reducción negociando con la compañía de ferrocarril. Unos 600 mil obreros franceses acceden a sus primeras vacaciones frente al mar ese primer verano y serán 2 millones al año siguiente.
Por primera vez se reconoce el derecho al ocio de la clase trabajadora. Mucho más, se reconoce el derecho a ir a la playa con los hijos, a tener una infancia, a recordar una infancia: los niños y niñas jugando en la playa, las niñas y niños frente al mar, contemplando algo maravilloso, tomando conciencia que lo maravilloso es posible. Viendo algo nuevo, algo que por tanto no podían recordar y que ahora recordarían para siempre.
Las vacaciones pagadas costaron lo suyo. Costaron la creación de un Frente Popular en el que confluyeron por un tiempo partidos políticos, sindicatos, movimientos como la Liga de los Derechos del Hombre o el Movimiento contra la Guerra y el Fascismo. Hubo miles de huelgas y ocupaciones de fábricas, grandes movilizaciones y la fuerza en la calle de la militancia comunista. Y sí, bajo los adoquines estaba la playa.
No siempre tuvimos vacaciones, y menos pagadas. Tuvimos que pagarlas, que te crees que algo es gratuito y cuando te lo quitan ni te quejas
Léo Lagrange impulsó también el movimiento de albergues juveniles, el deporte popular, incluyendo los deportes de invierno, y hasta los cruceros populares. Organizó la participación en la Olimpiada Popular de Barcelona frente a los fastos fascistas de los Juegos Olímpicos del Berlín del III Reich.
El Parlamento francés votó ir a Berlín con la abstención de toda la izquierda, a excepción del voto en solitario de Pierre Mendès, más tarde piloto de la Francia Libre contra la Luftwaffe. Algunos jóvenes franceses fueron a Barcelona y allí se quedaron, algunos para siempre, enrolados en las Brigadas Internacionales.

Hitler devolvería la gentileza olímpica ocupando Francia. Léo Lagrange deja su escaño para alistarse voluntario y combatir contra el fascismo. El 9 de junio de 1940, con 39 años, muere en Évergnicourt, lejos de la playa, despedazado por un obús alemán. Sí, las vacaciones pagadas fueron pagadas a un alto precio, como tantas otras cosas tienen un incalculable valor, el de las risas saladas de nuestros hijos, en las que ahora chapoteo recordando a Leó Lagrange con el primer salitre de julio.





Michael Cimino

Bona nit...antes no ha dado tiempo a decírtelo y te digo ahora que se ha muerto Michael Cimino, contarte en lo que dura un baile alguna de sus películas o sobre la guerra del condado de Johnson o Christopher Walken acribillado y del vestido blanco de Isabelle Huppert floreciendo en rojo y cogerte de la mano paseando por donde empieza todo...

lunes, 4 de julio de 2016

SMOKE IN YOUR EYES

La política nos decepciona, el sueldo o la pensión no llegan, nuestros hijos están en el paro o muy lejos, los corruptos se pasean por el salón de nuestra casa... pero siempre nos quedarán canciones como ésta.

domingo, 3 de julio de 2016

Antonio Soler

Se me acaban los calificativos para Antonio Soler. Ignoro por qué no es conocido por el gran público como lo es otra de mis referencias literarias: Javier Marías. El Marías de los libros, hay que aclarar, no el articulista. 
Leo ahora "El camino de los ingleses" y no tengo palabras para describir la emoción de algunos de sus capítulos, las escenas que son como puñetazos, los personajes construidos con una rigurosidad impecable.
He leído "Una historia violenta", "Las bailarinas muertas" y ahora ésta. No hay ninguna que sea mejor, son ladrillos de una obra considerable, de lo mejor de la literatura española actual.


http://antoniosoler.net/menuframes.html