miércoles, 6 de julio de 2016

Léo Lagrange

Más o menos cada 1 de julio, inicio de vacaciones, me acuerdo de Léo Lagrange, francés bien plantado de la Gironde que de chaval anduvo en los scouts y antes de cumplir los 18 se fue a la I Guerra Mundial a vete a saber qué. Lo que vio le horrorizó y a la vuelta entendió que el mejor antídoto contra la guerra son sociedades educadas y formadas en el respeto al otro. Se hizo abogado y defendió a cientos de deshechos humanos, gaseados y triturados en las trincheras, para ayudarles a recuperar su maltrecha dignidad.
Militante socialista en la Sección Francesa de la Internacional Obrera, es partidario de construir codo con codo con los comunistas una sociedad más de iguales, en la que el acceso al deporte y el ocio deben ser fundamentales, una vía al derecho a la felicidad.
Léo Lagrange es elegido diputado y acaba de subsecretario de Estado para los deportes y la organización del tiempo libre en el gobierno de Léon Blum, que crea un ministerio inaudito entonces, el ministerio de Salud Pública, que habla del derecho a practicar deporte sin necesidad de competir o enardecer estadios envueltos en banderas y del derecho a disfrutar del tiempo libre. Léo Lagrange y sus colaboradores articulan una ley hermosa: los 15 días de vacaciones pagadas.
El 21 de junio de 1936, el gobierno del Frente Popular lleva la ley al Parlamento para su aprobación. Lagrange consigue un billete de tren de vacaciones anuales con un 40% de reducción negociando con la compañía de ferrocarril. Unos 600 mil obreros franceses acceden a sus primeras vacaciones frente al mar ese primer verano y serán 2 millones al año siguiente.
Por primera vez se reconoce el derecho al ocio de la clase trabajadora. Mucho más, se reconoce el derecho a ir a la playa con los hijos, a tener una infancia, a recordar una infancia: los niños y niñas jugando en la playa, las niñas y niños frente al mar, contemplando algo maravilloso, tomando conciencia que lo maravilloso es posible. Viendo algo nuevo, algo que por tanto no podían recordar y que ahora recordarían para siempre.
Las vacaciones pagadas costaron lo suyo. Costaron la creación de un Frente Popular en el que confluyeron por un tiempo partidos políticos, sindicatos, movimientos como la Liga de los Derechos del Hombre o el Movimiento contra la Guerra y el Fascismo. Hubo miles de huelgas y ocupaciones de fábricas, grandes movilizaciones y la fuerza en la calle de la militancia comunista. Y sí, bajo los adoquines estaba la playa.
No siempre tuvimos vacaciones, y menos pagadas. Tuvimos que pagarlas, que te crees que algo es gratuito y cuando te lo quitan ni te quejas
Léo Lagrange impulsó también el movimiento de albergues juveniles, el deporte popular, incluyendo los deportes de invierno, y hasta los cruceros populares. Organizó la participación en la Olimpiada Popular de Barcelona frente a los fastos fascistas de los Juegos Olímpicos del Berlín del III Reich.
El Parlamento francés votó ir a Berlín con la abstención de toda la izquierda, a excepción del voto en solitario de Pierre Mendès, más tarde piloto de la Francia Libre contra la Luftwaffe. Algunos jóvenes franceses fueron a Barcelona y allí se quedaron, algunos para siempre, enrolados en las Brigadas Internacionales.

Hitler devolvería la gentileza olímpica ocupando Francia. Léo Lagrange deja su escaño para alistarse voluntario y combatir contra el fascismo. El 9 de junio de 1940, con 39 años, muere en Évergnicourt, lejos de la playa, despedazado por un obús alemán. Sí, las vacaciones pagadas fueron pagadas a un alto precio, como tantas otras cosas tienen un incalculable valor, el de las risas saladas de nuestros hijos, en las que ahora chapoteo recordando a Leó Lagrange con el primer salitre de julio.





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