Que un señor, hace un siglo, concibiera un mundo extraño
donde la masa de un cuerpo y su energía se transformaran, donde el tiempo y el
espacio eran relativos, un mundo en el que la distancia más corta entre dos
puntos es una línea curva, que encima postulara algo casi incomprensible
llamado "ondas gravitacionales" y al final tuviera razón en todo, es
para asombrarse. Nos hemos tirado un siglo para demostrar que la imaginación de
este hombre era portentosa. ¿Pasará lo mismo con las teorías de Stephen Hawking?
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