sábado, 19 de septiembre de 2009

Si un día juntásemos...




Si un día juntásemos todas las camas del mundo,
pero no sólo las de un pueblo, ni las de un país, sino todas,
todas las camas que hay en el mundo,
se montaría enseguida una gran guerra de almohadones:
la primera Guerra Mundial de Almohadones.

Lo bueno de las guerras de almohadones es que no hacen daño a nadie,
siempre que sean almohadones sin cremallera.
Y cuando se nos pasaran las ganas de jugar, cuando nos cansáramos,
podríamos ver que estamos rodeados de camas:
millones y millones de camas por todos los lados.

Entonces podríamos mirar, darnos cuenta
de que hay camas tan gordas como siete veces yo
y otras tan delgadas como un cartón.
Unas altas, altas como las de los antiguos cuentos
y otras bajas como debajo de un puente.

Las hay blandas como los brazos de una madre
y las hay que son duras como el suelo de tu calle.
Hay camas tan grandes en las que uno se pierde.
Y otras muy pequeñas en las que intentan dormir siete.
Algunas son calientes como la del abuelo.
Algunas son frías como las de un hospital.

Pero lo mejor, lo mejor de juntar todas las camas del mundo
sería que esa noche toda la gente del mundo podría dormir sobre una cama,
y descansar,
y soñar.

Soñar quizá con qué pasaría si un día juntáramos todas las cacerolas del mundo.

Autor Félix Albo. Editado en Palabras de Candil con álbum ilustrado por Marta Lanzón,

martes, 15 de septiembre de 2009

El hombre de hielo

Erase una vez un hombre de hielo. Pensaba que permanecería siempre así, convertido en una estatua en medio de una llanura que se perdía en el horizonte. Todo lo que veía era blanco. Blancas las ramas de los árboles, el suelo, los tejados de las casas lejanas. Blanco él mismo, cubierto de nieve, hecho de hielo. Pensaba que el mundo había nacido ayer, pobre estúpido, que todo lo que se veía era siempre así, blanco y uniforme.

Algunas personas que pasaban le miraban. Decía, ¿qué mirais?. ¿No habeis visto nunca un hombre de hielo?. Las niñas se reían cuando decía eso, tú eres de hielo, cantaban, tú eres de nada. De nada, de hielo, ¿qué más da?, se decía. Soy de hielo, es verdad, pero de hielo es también el paisaje y las nubes ahora que es invierno. De hielo son los sueños que puedo tener, de hielo el corazón que alguien me puso, no sé cuándo, no sé cómo, tampoco para qué. Y ahora miro mis manos y no siento nada con ellas, miro a lo lejos y no veo más que una llanura nevada y eso quizá sea el cielo o puede que el infierno.

Una noche nevó más de la cuenta y la nieve le llegaba a las axilas, no podía moverse. Se dijo, ¿cuánto me queda?. ¿Me queda una hora de vida? ¿Tal vez dos?. Quizá ya esté muerto y no lo sé, es posible que nunca haya existido, que yo mismo sea el sueño de un granjero, de una niña que ríe, de un hombre que camina, de un pájaro que vuela. Me llega la muerte ¿y qué he hecho?. No he llorado, no he sufrido, casi ni soñar he podido. Sólo ser de hielo, de hielo mis manos, de hielo mi vida entera. No sentía nada. Ni el frío. Ni hambre. Ni sueño. Ni angustia ni sufrimiento.

Con la mañana se alzó el Sol y era esplendoroso, como el hombre no había visto nunca. Se dijo, tal vez he muerto y éste sea el otro lado. Allá se encuentre un Sol que calienta. Tal vez esto sea el calor, este sentir mi interior crepitando, el agua que corre por mi piel de hielo.

Lentamente se derritió.

Luego corrió por el suelo en declive hasta terminar en un arroyo que crecía incontenible.

Agua de primavera, el Sol en el cielo, recuerdos de un hombre de hielo.

jueves, 10 de septiembre de 2009

El Dragón de Wei

Aquella noche, en la hora de la rata, el emperador soñó que había salido de su palacio y que en la oscuridad caminaba por el jardín, bajo los árboles en flor. Algo se arrodilló a sus pies y le pidió amparo. El emperador accedió; el suplicante dijo que era un dragón y que los astros le habían revelado que al día siguiente, antes de la caída de la noche, Wei Cheng, ministro del emperador, le cortaría la cabeza. En el sueño, el emperador juró protegerlo.

Al despertarse, el emperador preguntó por Wei Cheng. Le dijeron que no estaba en el palacio; el emperador lo mandó buscar y lo tuvo atareado el día entero, para que no matara al dragón, y hacia el atardecer le propuso que jugaran al ajedrez. La partida era larga, el ministro estaba cansado y se quedó dormido.

Un estruendo conmovió la tierra. Poco después irrumpieron dos capitanes, que traían una inmensa cabeza de dragón empapada en sangre. La arrojaron a los pies del emperador y gritaron:

-¡Cayó del cielo!

Wei Cheng, que había despertado, la miró con perplejidad y observó:

-Qué raro, yo soñé que mataba a un dragón así.

Puedo deciros...

Puedo deciros...

Yo puedo deciros
que el carbón no mancha,
que el malo no es malo,
que el soldado nunca quiere ir,
que el olvido no existe,
que no hay muerte que mate.

Yo puedo deciros dónde está la Luz
la otra,
no ésta,
la luz donde crece la Armonía...
A veces me pregunto:
¿Hay cosa más fácil
que hacer un hombre de un criminal?

Nada tan sencillo
como comunicarnos sin teléfono.

Escribo para niños,
para peces,
para rameras honradas...
para ti.
A veces digo que la estrella es un clavel blanco,
pero eso no vale para nada.
Yo sé cuándo fallo y cuándo tengo razón.
Porque aún estoy viva
y tengo que manifestarme en la sombra,
porque hay hombres ¡que se beben la luz!

Gloria Fuertes

sábado, 5 de septiembre de 2009

Y para después de las vacaciones

Y acabadas las vacaciones, hay que empezar poco a poco hasta tomar el ritmo necesario. Para eso, para retornar al mundo de una forma equilibrada, vamos a empezar con un poco de música de Cris Franke, hermosas imágenes acompañan este video y una música para escuchar de fondo y dulcificar el espíritu.



http://www.youtube.com/watch?v=GKbhf_1YnFI&feature=related

Y un precioso Adagio de Lara Fabian

http://www.youtube.com/watch?v=fcWsSj-xJJU&feature=fvw

martes, 23 de junio de 2009

Un hombre que vuelve

En 1967, con tan solo 18 años, el cabo Richard Luttrell se topó con un joven soldado del NVA (Ejército regular de Vietnam del Norte) en mitad de la espesa jungla asiática. Tras un duelo de miradas y balazos la muerte decidió. Richard recogió de entre los efectos personales una pequeña fotografía del joven vietnamita con su hija que le acompañaría en su tormento obsesivo durante toda su vida. 33 años más tarde el compungido militar consigue reunirse con aquella niña para pedir perdón y devolverle la insólita foto. Esta es la historia.

http://www.youtube.com/watch?v=CWMM7fclV9k

miércoles, 10 de junio de 2009

Suo Gan

Tres versiones de esta preciosa nana irlandesa...


http://www.youtube.com/watch?v=g1-fdgV8SQw


http://www.youtube.com/watch?v=v-TMOFJ12qI&feature=related


http://www.youtube.com/watch?v=xK2R-596FZE




Duerme mi bebé, en mi pecho,
Son los brazos de una madre abrazándote.
Hazte un nido cómodo y calido .
Siente mi amor siempre nuevo.
El daño no te encontrará durante tu sueño,
El Dolor siempre pasará de largo
Niño amado, siempre serás,
En tu sueño apacible, con el seno materno cerca
Duerme en paz, duerme,
Oh duerme suavemente, que estampa
Veo una sonrisa en tu sueño profundo
¿Qué visiones te hacen tan feliz?
¿Están los ángeles sonriéndote en tu descanso lleno de paz?
¿Les devuelves la sonrisa, mientras duermes pacíficamente en el seno materno?
No temas el sonido, es la brisa
Barriendo hojas contra la puerta
No temas los mares murmurantes,
Olas solitarias llegando hasta la orilla
Duerme mi niño, no hay nada aquí
Mientras duermes en mi pecho
Los ángeles sonríen, no temasLos ángeles benditos guardan tu sueño