LA CUESTA DE ENERO
SONETO (con estrambote)
¡Ay, cuánto cuesta la cuesta de enero...!
Tras los turrones y los polvorones,
el cava y los últimos revolcones
de todo un año, que agotó el dinero.
¡Ay, cuánto cuesta la cuesta de enero...!
Que hay que reducir todas las raciones,
Apagar luces y calefacciones...
¡Pero se acaba cuando llega febrero!
Es una pena al refrán ajustar,
nuestra agitada vida refranera:
que si cuesta de enero y lluvias mil
en abril, Semana Santa tronera,
y agua de mayo, que llena hasta hartar,
al llegar el mes de agosto la panera...
¡Cuesta enero, febrero, marzo y abril...!
José María Carro Albeira
Si fuese posible curar las penas con el llanto y resucitar a los muertos con las lágrimas, el oro sería menos valioso que la tristeza. Sófocles, Escirios. Frag 510
sábado, 14 de enero de 2012
viernes, 13 de enero de 2012
Indefensión aprendida
Ved este interesante e ingenioso video observando cómo se puede fomentar la indefensión social, en menos de cinco minutos, a unos adolescentes:
lunes, 9 de enero de 2012
El eterno femenino
Viendo el video adjunto me planteo una disyuntiva:
- O mis niveles de testosterona están por los suelos.
- O a los militares surcoreanos les tienen a pan y agua durante diez años, sin ver mujer alguna.
- O mis niveles de testosterona están por los suelos.
- O a los militares surcoreanos les tienen a pan y agua durante diez años, sin ver mujer alguna.
domingo, 8 de enero de 2012
Una escena
Ayer leía el final de “El veranillo de un Forsyte”, de John Galsworthy. Sentí, una vez más, que se me humedecían los ojos. Ya es la tercera vez que leo esas apenas 50 páginas tan hermosas. Hay obras artísticas que se te quedan clavadas para siempre. Algo así me pasa con “Elisa, vida mía” de Saura y ahora he de recordar la escena final de esta novela corta, un canto a la vida y a la belleza de un anciano que aún desea vivir y disfrutar de ambas cosas, aunque sienta que ya se escapan (precisamente porque lo hacen). Bajo un árbol se queda dormido para siempre escuchando los pájaros, esperando la llegada de aquella muchacha que con su presencia ha llenado sus últimos días. “Verano, verano, verano... Los pasos silenciosos sobre la hierba”, termina.
Contigo, mano a mano. Y no retiro
la postura, Señor. Jugamos fuerte.
Empeñada partida en que la muerte
será baza final. Apuesto. Miro
tus cartas y me ganas siempre. Tiro
las mías. Das de nuevo. Quiero hacerte
trampas. Ya no es posible. Clara suerte
tienes, contrario en el que tanto admiro.
Pierdo mucho, Señor. Y apenas queda
tiempo para el desquite. Haz Tú que pueda
igualar todavía. Si mi parte
no basta ya por pobre y mal jugada,
si de tanto caudal no queda nada,
ámame más, Señor, para ganarte.
José García Nieto
Contigo, mano a mano. Y no retiro
la postura, Señor. Jugamos fuerte.
Empeñada partida en que la muerte
será baza final. Apuesto. Miro
tus cartas y me ganas siempre. Tiro
las mías. Das de nuevo. Quiero hacerte
trampas. Ya no es posible. Clara suerte
tienes, contrario en el que tanto admiro.
Pierdo mucho, Señor. Y apenas queda
tiempo para el desquite. Haz Tú que pueda
igualar todavía. Si mi parte
no basta ya por pobre y mal jugada,
si de tanto caudal no queda nada,
ámame más, Señor, para ganarte.
José García Nieto
Cuando el mar te tenga
Vuela al viento espuma del mar,
vuela al viento y vuelvelo a volar.
Mezcla el mundo, ruge mistral,
mezcla el mundo y mezclanos con él.
Ahórrate esas palabras de amor
que nadie va a comprender,
ni tan sólo yo.
Si lo que vas a decir
no es más bello que el silencio,
no lo vayas a decir.
Que hable el mundo y calle el hombre,
calle el hombre y vuelvase a callar:
Mezcla el mundo, ruge mistral;
mezcla el mundo y mezclanos con él.
Ruge mistral, vuélvenos locos de atar
y con tu antiguo furor
llévate a aquel que ose hablar.
Mientras todos duerman te amaré.
Cuando todos hablen huiré.
Lejos, muy lejos, en silencio.
Lejos, muy lejos, en silencio.
Cuando el bosque te hable te hablaré;
cuando el mar te tenga te tendré.
Murmullo de una oración
minúscula y dulce;
murmullo de tu respiración
al despertar.
Ruge mistral, medio dios;
llevaté el mundo de aquí,
peina la espuma del mar
y llévanos muy lejos, muy lejos.
vuela al viento y vuelvelo a volar.
Mezcla el mundo, ruge mistral,
mezcla el mundo y mezclanos con él.
Ahórrate esas palabras de amor
que nadie va a comprender,
ni tan sólo yo.
Si lo que vas a decir
no es más bello que el silencio,
no lo vayas a decir.
Que hable el mundo y calle el hombre,
calle el hombre y vuelvase a callar:
Mezcla el mundo, ruge mistral;
mezcla el mundo y mezclanos con él.
Ruge mistral, vuélvenos locos de atar
y con tu antiguo furor
llévate a aquel que ose hablar.
Mientras todos duerman te amaré.
Cuando todos hablen huiré.
Lejos, muy lejos, en silencio.
Lejos, muy lejos, en silencio.
Cuando el bosque te hable te hablaré;
cuando el mar te tenga te tendré.
Murmullo de una oración
minúscula y dulce;
murmullo de tu respiración
al despertar.
Ruge mistral, medio dios;
llevaté el mundo de aquí,
peina la espuma del mar
y llévanos muy lejos, muy lejos.
miércoles, 4 de enero de 2012
RIGIDEZ
En vano busco en la nieve
El rastro que dejaron sus pasos
Cuando ella caminaba de mi brazo
Por la verde campiña.
Quisiera besar el suelo,
Fundiendo el hielo y la nieve
Con mis ardientes lágrimas
Hasta que se vea la tierra.
¿Dónde encontrar un retoño?
¿Dónde hallaré hierba verde?
Las flores han muerto
La hierba está marchita.
¿No habré de llevar conmigo
Un recuerdo de este lugar?
Cuando mi dolor se aplaque
¿Quién de ella me hablará?
Mi corazón está como muerto,
Su imagen congelada dentro de él.
Si otra vez llega a enternecerse
Su imagen también se fundirá.
En vano busco en la nieve
El rastro que dejaron sus pasos
Cuando ella caminaba de mi brazo
Por la verde campiña.
Quisiera besar el suelo,
Fundiendo el hielo y la nieve
Con mis ardientes lágrimas
Hasta que se vea la tierra.
¿Dónde encontrar un retoño?
¿Dónde hallaré hierba verde?
Las flores han muerto
La hierba está marchita.
¿No habré de llevar conmigo
Un recuerdo de este lugar?
Cuando mi dolor se aplaque
¿Quién de ella me hablará?
Mi corazón está como muerto,
Su imagen congelada dentro de él.
Si otra vez llega a enternecerse
Su imagen también se fundirá.
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