domingo, 13 de diciembre de 2015

El fulgor del relámpago


Hay cosas que la vida te da cuando ya apenas
podías esperarlas, y su luz
maravillosa, elemental, purísima,
te hace feliz de pronto. Y desgraciado,
pues comprendes que no te corresponde
ese milagro ahora y que no debes
a ciegas entregarte a lo que era
propio tal vez de otro momento tuyo,
de un momento anterior, cuando tenías
fuerzas para ser libre.
Mas déjate llevar, y vive esa hermosura
con coraje, sin miedo. A qué pensar
en lo que te conviene. Es muy fugaz la dicha.
No la desprecies. Tómala. Y apura
el fulgor del relámpago.
Después,
tiempo tendrás para seguir muriéndote.
Eloy Sánchez Rosillo

viernes, 11 de diciembre de 2015

Alguna historia

En mis caminatas matutinas de vez en cuando tengo oportunidad de descubrir cosas que nos cuentan alguna historia a poco que les prestemos atención. Un conductor borracho atropelló y mató a una muchacha que iba en bicicleta, su pareja ha montado para su recuerdo en el lugar del accidente y como declaración de amor lo que vais a ver en las fotos, cualquier cosa que yo añada es superflua, solo su ubicación en la calle San Vicente Mártir, justo enfrente de la estación del AVE de Valencia.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

11 generaciones

11 generaciones de Lincoln después. Ralph y Abraham.




martes, 8 de diciembre de 2015

Que tengan una bonita noche...

Duérmete, corazón mío, duerme.

Llora, si quieres, un poco,
que yo estoy a tu lado.
No tengas miedo. Olvida.
Cierra los ojos a medida
que yo los cierre. Vente.
Medita, corazón mío, niño,
con aquel meditar de lluvia fina
de las postrimerías.
El sueño te reclama, vente.

Duérmete, corazón mío, duerme.

Josep Palau i Fabre en "Poemas del alquimista"



La estupidez no es una discapacidad


Robert Walser

Un par de niños que bajaban patinando alborozados en sus trineos de madera desde lo alto de la colina se encontraron con su cadáver en el campo cubierto de nieve. Era el día de Navidad de 1956. La luz cristalina de la mañana todavía se reflejaba en la nieve. Se dio aviso de inmediato a la policía de Herisau, localidad situada al este de Suiza. Al llegar, después de comprobar que estaba efectivamente muerto, sin apenas mover su cadáver, sacaron una serie de fotografías donde se mostraba un anciano con un largo abrigo negro y botas tirado en la nieve. En algunas de ellas se alcanza a ver sus ojos abiertos y su mandíbula desencajada en una extraña mueca, casi una sonrisa. En todas ellas, también aparecía su sombrero, a poca distancia, tirado sobre la nieve, como si se le acabara de escapar de las manos. Aquel hombre muerto en la nieve era Robert Walser.
En un pequeño poema suyo, tan banal en apariencia como todos los que escribió, deja constancia del tono difícil de precisar de la melancolía de la inocencia recobrada:
No desearía a nadie ser yo.
Solo yo soy capaz de soportarme a mí mismo.
Saber tanto, haber visto tanto y,
decir nada acerca de nada" (...)

miércoles, 2 de diciembre de 2015


Tú, cuya mano me ha bañado
de un fuego transparente las espaldas,
cuyos ojos en claros naufragios hundieron
algunos principios elementales de mi alma,
tú eres mi patria.

Tú, que no tienes apellido,
que no sé si eres pájaro o si alcándara,
que de todos tus brazos las letras de plomo
cayéndose han ido, como si fueran nueces vanas,
tú eres mis padres
y mi patria.
Tú, que ni tú te acuerdas dónde
tendiste a orear las nubes blancas,
que de tantos amores que tienes confundes
el nombre de todos los días de cada semana,
tú eres mi Dios
y mis padres
y mi patria.
Tú, que tan dulcemente besas
que el cielo bocabajo se volcaba,
y que no se sabía de quién ya la lengua,
de quién la saliva, de puro sabrosa y templada,
tú eres mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.
Tú, que apacientas calaveras
por las praderas de la verde África
y a los rojos leones les echas de pasto
las rosas de leche de luna de Nuruquimagua,
tú eres mi ejército
y mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.
Eres mi ejército y mis leyes
y mi Dios y mis padres y mi patria,
y el ejército y Dios y las leyes y todas
las patrias y padres se creen que tú no eres nada:
que no eres nada.
Agustín García Calvo