jueves, 7 de diciembre de 2017

Enrique Simonet

"Flevit super illam (Lloró por ella)", Enrique Simonet, 1892
Cuadro con curiosidad astronómica. Simonet fue un meticuloso pintor que incluso viajó a Palestina para documentarse sobre tipos y costumbres para utilzarlos en sus cuadros. Suya es también la muy querida en este grupo "Anatomía del corazón".
Esta pintura se basa en un pasaje del evangelio de Lucas: Jesús, en la mañana del Domingo de Ramos, antes de entrar triunfante en Jerusalén, observa la ciudad a lo lejos, tiene una visión sobre su destrucción y llora por ella. Se ha considerado que el astro que aparece en el horizonte es el sol. Pero si así fuera, estaría saliendo por el oeste, error impensable en un detallista como Simonet. Es mucho más probable que sea la luna retirándose, mientras el sol está saliendo por el este, a espaldas del pintor. Esto explicaría también la visibilidad del gran planeta (Jupiter, Saturno o Marte) sobre la cabeza de Jesús, imposible si el sol estuviera levantándose. Y la bella y tenue luz del cuadro.


martes, 5 de diciembre de 2017

Cada poética tiene su Bestiario. Que le pregunten a David Lynch. Imagen promocional para Twin Peaks: "Danger Mouse, David Lynch & Mark Linkous" .


Dicen los que saben, que las Hadas también lloran, aunque no lo hacen como los humanos. El llanto de las Hadas no se pierde en los pañuelos, ni se evapora en el aire. Cuando lloran de alegría, sus lágrimas se convierten en diminutas cuentas de colores brillantes y que las hadas hacen con ellas pequeñas joyas: Collares, pendientes y colgantes con los que adornarse y que siempre llevan puestos para recordar el motivo feliz que las provocó.

Pero si su llanto es de dolor, es distinto su destino. Cuando los antiguos espíritus del bosque oyen a las Hadas llorar de pena, desde el mismo corazón de la tierra hacen brotar un árbol frondoso, azul y luminoso como el cristal y cada lágrima de hada se transforma en una hoja nueva prendida a sus ramas que crecen y crecen.


Todas las hadas han vertido muchas lágrimas por los niños que nunca las conocerán porque cortaron el camino de su vida el hambre, el frío o el terror. Y saben que el Árbol nunca dejará de crecer, que nunca cesará la violencia ni la injusticia. Pero se consuelan teniendo un lugar tan especial donde guardar su pena, porque un árbol crece hacia las alturas y la luz: Hacia donde la paz siempre es posible.




Constantino Cavafis

ÍTACA o la importancia de hacer camino
El poeta griego de Alejandría Constantino Cavafis (1863 - 1933) nos habla sobre la importancia de disfrutar el camino, cualquier camino, y no sólo añorar el objetivo: una metáfora que puede extenderse a muchos procesos de nuestra vida.
Todos queremos volver a casa, a Ítaca, avistar desde el mar la isla en la que crecimos, volver a ver a la mujer que amamos y que nos espera hace tantos años. Por esta razón, la legendaria isla griega —hogar de Odiseo, Penélope y Telémaco— es la metáfora perfecta del propósito de la vida, de eso que nunca dejaremos de perseguir.
Las Ítacas pueden ser, entonces, casi cualquier cosa: podrían representar el proceso para lograr una meta o para recuperar algo que hemos perdido, incluso, podrían simbolizar el acto de transitar por la vida de principio a fin, para finalmente volver al origen. En un poema iluminador y sólo aparentemente sencillo, el poeta griego Constantino Cavafis habla sobre la importancia de disfrutar el camino hacia nuestra propia Ítaca (cualquiera que ésta sea), pues el viaje es mucho más delicioso que la llegada al destino final.
El poema Ítaca pareciera estar dirigido al héroe Odiseo durante su regreso a casa (el camino del héroe que simbólicamente transitamos durante nuestra vida), pero en su precioso y universal lenguaje nos habla a todos por igual, y nos obsequia gentilmente un consejo que pareciera simple pero que frecuentemente obviamos. Inmersos en una vida de prisas, de recompensas fáciles e instantáneas, es común olvidar que el camino, pensado también como cualquier clase de proceso, no solamente es lo que más puede enseñarnos, sino también lo más disfrutable. Ítaca “no tiene ya nada que darte”, asegura el poeta nacido en Alejandría, por eso es mejor llegar ahí viejo, habiendo vivido aventuras y experiencias.
Los Cíclopes, los Lestrigones y la fiereza del dios Poseidón no aparecerán en tu camino si mantienes un “pensamiento elevado”, asegura Cavafis; los peligros sólo surgirán si los llevas dentro, si tu alma los pone frente a ti. Con estas palabras, el poeta nos recuerda que en muchas ocasiones son nuestros propios demonios los que nos estorban en el proceso hacia alcanzar lo que deseamos (de ahí la importancia de convertirlos en aliados).
El pequeño y deslumbrante consejo contenido en el poema de Cavafis, uno con enormes implicaciones ontológicas, bien podría llevarse a los procesos más sencillos y cotidianos de nuestra vida con resultados sorprendentes e iluminadores; una práctica de esta naturaleza, como filosofía de vida, también podría relacionarse de manera profunda con la meditación, con el trabajo de mantener nuestra mente en el tiempo presente.
Itaca
Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.
Retrato del poeta Constantino Cavafis (1863 - 1933)


domingo, 3 de diciembre de 2017

Hans Makart

Detalle de “La muerte de Cleopatra” de Hans Makart (1875), pintor austriaco a quien se tiene como influencia en Klimt. La obra guarda su pequeña historia en el turbulento escenario europeo del siglo XX.
Se expuso por primera vez en una Sezession de Viena antes de pasar a la colección privada de la baronesa Helene Leitenberger. Al morir esta en 1933 (mira qué oportuno), los nazis se encapricharon del cuadro y le echaron las garras encima con vistas a que luciera en el Führermuseum, el proyecto diseñado por Albert Speer que Hitler planeaba construir en Linz y cuyas obras se adquirían mediante la compra o la confiscación.
El Museo del Führer nunca se construyó; en 1943 y ante la amenaza de los feroces bombardeos aliados un contingente de trenes y camiones cargando con todas las obras (unas 6500) puso rumbo a las minas de sal de Altaussee, a través de caminos embarrados y un tiempo de perros que hizo necesario recurrir a vehículos oruga de fabricación soviética. Obras de Velázquez, Jan van Eyck, Rafael, y entre ellas, la “Cleopatra” de Makart.
Tras la guerra pasó a la colección privada de un alemán. En 2013 la Kinsky Auktionshaus la subastó en Viena y hoy pertenece a un neoyorkino, que la compró por 640.000 euros.
La pintura completa en high resolution:


Idea Vilariño

Siempre me conmovieron los poemas de la uruguaya Idea Vilariño, sobre todo éste. Leo sobre su pasión compartida con Onetti, otro grande.
“El último hombre de quien debí enamorarme”, le confesaría a la periodista María Esther Gilio. Lo de Idea Vilariño (Montevideo, 1920 - 2009) y Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909 - Madrid, 1994) fue un tormento de sangre, una historia pasional entre olvidos, tormentas y sonoros aguaceros. Ella tuvo otros amantes, muchos; él arrastraba fama de mujeriego y bebedor. Ella se casaría una vez, él, cuatro; nada impediría sus encuentros tórridos, “Había un hombre que llegaba a mi casa sin aviso, a cualquier hora. Cerrábamos las puertas y las ventanas. Se detenían todos los relojes”. Ella le dedicaría en 1957 Poemas de amor, con el célebre 'Ya no será' él, el Libro de Los adioses.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Dmitri Hvorostovsky

Dmitri Hvorostovsky : "To Molly " - Glinka - From Russian Romance.

DEP