sábado, 29 de diciembre de 2012

Una historia de amor


Edgar Allan Poe suele ser visto como un hombre torturado, y lo fué; sólo que a veces eludimos la noción de que para ser un hombre torturado primero se debe conocer la felicidad. Poe la conoció bajo el nombre de Virginia Clemm.
Virginia Eliza Clemm nació en 1822. Su nombre provenía de una tragedia, ya que se la bautizó con el nombre de una hermana que había muerto diez días antes de su nacimiento. Ella fue el gran amor de E.A. Poe, aunque su propia madre compartiese el apellido del poeta: María Poe. De más está aclarar que Edgar y Virginia eran primos, aunque no fue éste el verdadero núcleo del escándalo que causó aquella relación.
E.A. Poe y Virginia Clemm se conocieron en 1829. Él tenía veinte años y ella siete. Sus familias vivieron juntos por algún tiempo, período en la que Poe vivió un romance platónico con una vecina llamada Mary Devereaux. La pequeña Virginia era la encargada de transportar mensajes y cartas entre los amantes; incluso se dice que en una ocasión la niña tuvo la osadía de arrancarle un mechón de pelo a Mary, con la intención de llevárselo como trofeo a su primo.
Obligado por presiones económicas, E.A. Poe abandonó la casa de Baltimore en 1835 y se trasladó a Richmond, donde consiguió empleo como redactor en el Southern Literary Messenger. Por entonces ya concebía la idea de casarse con Virginia, pero uno de sus primos, Neilson Poe, se llevó a la joven huérfana a su casa, evitando un matrimonio prematuro. La lucidez epistolar del poeta, sumada a la prosperidad financiera en el Southern desbarrancaron los planes de Neilson. En mayo de 1836 la pareja contrajo matrimonio legalmente (ceremonia que requirió la falsificación del acta de nacimiento de la joven) aunque se cree que en septiembre de 1835 ya se habían casado en secreto.
Edgar Allan Poe tenía 27 años, Virginia, 13.
Si bien el matrimonio entre primos no era algo inusual, la diferencia de edad fue un elemento que escandalizó a algunos, además de otros detalles escabrosos, por ejemplo, la costumbre de E.A. Poe de llamar a su esposa Sissy, o Sis, diminutivos de Sister, hermana. Algunos biógrafos incendiarios consideran que la pareja no poseía ningún matiz romántico en su relación, y que, en realidad, su vínculo era como el de dos hermanos. Marie Bonaparte, una de las biógrafas más conocidas de E.A. Poe, elaboró un estudio críptico sobre la obra del poeta y llegó a la conclusión de que Virginia murió vírgen. Joseph Wood Krutch, ensayista fruicioso, declaró que E.A. Poe "no necesitaba a las mujeres del modo en que las necesitan los hombres normales", y agrega que el poeta jamás estuvo interesado en el sexo, ejercicio que le producía la más viva repulsión. En rescate de E.A. Poe llegan varios amigos de la pareja, que aseguraron que Edgar y Virginia no  compartieron el lecho durante los primeros años de matrimonio, pero que luego de que la joven cumpliera los 16 años Poe la aceptó en su alcoba con total naturalidad, e incluso son regocijo.
Al margen de estas especulaciones ociosas, todas las fuentes coinciden en que Edgar y Virginia fueron una pareja feliz. Él amaba la ternura de Virginia, y ella lo adoraba como a un dios, lo idolatraba. Solía sentarse cerca del poeta cuando este escribía, y mantenía sus papeles y útiles en perfecto orden. Recién a los 23 años Virginia Clemm se animó a escribirle un breve poema a su marido, fechado en el día de San Valentín de 1846.
En mayo de ese año comenzaron a manifestarse los primeros síntomas de una muerte prematura. El apetito de Virginia se volvió irregular, sus mejillas se volvieron casi rojas, su pulso se hizo inestable, sufrió de fiebres repentinas, sudores nocturnos, dolores en el pecho, y lo peor: esputos sanguinolentos. Tal como había sucedido con la madre de Edgar, Eliza Poe, Virginia manifestaba los síntomas de las últimas fases de la tuberculosis.
E.A. Poe, sumido en la pobreza, recibió la ayuda de algunos amigos cercanos. Los periódicos se hicieron eco del drama familiar. El Saturday Evening Post tituló: "¡Dios nos asista! ¿Es posible que los aficionados a la literatura de la Unión dejen al pobre Poe morir de inanición?". Algunos días después, el mismo periódico publicó que... "Edgar A. Poe está postrado con fiebre cerebral. Su esposa se encuentra en las últimas etapas de la tuberculosis. Se encuentran sin dinero y sin amigos". Hasta Hiram Fuller, editor a quien E.A. Poe había demandado por difamación, salió al cruce dando cuenta de su caballerosidad: "Nosotros, con quienes él peleó, tomaremos la delantera en su ayuda», dijo.
Los escasos comentarios de allegados y familiares que tenían acceso al domicilio de E.A. Poe sólo aumentaron la conmoción general. Se dijo que los ojos de Virginia se habían tornado violetas, que su cutis había enrojecido como los de un demonio. Un alcahuete anónimo afirmó que la señora Poe... "lucía un aspecto juvenil, de grandes ojos violáceos, y una blancura perlada en el cutis. Su cabello, negro como las alas del cuervo, le daban un aire ultraterreno". Presas de la misma sugestión, otros vociferaron que la apariencia de Virgina no era del todo humana.
Agonizante, Virginia Clemm le hizo prometer a su madre que cuidaría de "Eddy" en su ausencia, cosa que la anciana cumplió con toda rigurosidad. El amor de Virginia era tan intenso, tan puro y natural, que en su lecho de muerte, cubierta por el viejo sobretodo militar del poeta, entrelazó la mano de Poe con la de Mary Starr , una antigua amiga suya, y la conminó a "ser una amiga para Eddy, y no abandonarle jamás».
Virginia Eliza Clemm murió el 30 de enero de 1847. E.A. Poe se rehusó a ver a su esposa muerta, y declaró que quería conservar en su memoria el recuerdo de su rostro lleno de vida. Curiosamente, sólo se conserva un retrato de Virginia, una acuarela pintada apresuradamente, y para la cual el artista debió utilizar su cadáver como modelo. De este modo extraño, Edgar Allan Poe, que se negó a ver directamente el rostro de su esposa muerta, observó una y mil veces sus facciones yertas sobre aquel lienzo barato.
La muerte de Virginia Clemm impactó profundamente a E.A. Poe, quien se sumió en una depresión de la que nunca saldría del todo. Solía vérselo vagando en torno a la tumba de su esposa, ebrio, lunático, casi catatónico. Dos años después el poeta murió en circunstancias poco claras, abandonado, solo, y hundido en la pobreza más abyecta.
Ambos cadáveres fueron sepultados en distintos cementerios.
En 1875, uno de los primeros biógrafos de E.A. Poe, William Gill, rescató los huesos de Virginia y los colocó en un cofre. Veintisiete años después aseguró en el Boston Herald que el sacerdote del cementerio de Fordham estaba a punto de deshacerse de los huesos, argumentando que nadie los había reclamado. Los lectores de aquel artículo reunieron fondos para comprar un pequeño cofre de plata y oro, donde se ubicaron los restos de Virginia, que posteriormente fueron enterrados junto a la tumba del poeta.
Quizás el mejor testimonio de la historia de amor entre Edgar Allan Poe y Virginia Clemm reside en la obra del poeta. Annabel Lee (Annabel Lee), poe ejemplo, menciona la trágica muerte de una doncella y el dolor de su amante. Ulalume (Ulalume) también es un homenaje a Virginia, al igual que Lenore (Lenore) y El cuervo (The Raven), donde un espectro demoníaco tortura a un hombre con aquel implacable "Nunca más", sentencia que nos deja un sabor irreversible.
Pero no sólo en la poesía queda reflejado el amor entre E.A. Poe y Virginia Clemm. El cuento Eleonora (Eleonora) narra la historia de un hombre a punto de contraer matrimonio con su prima; La caja oblonga (The Oblong Box), expone el lamento de un hombre tras la muerte de su esposa mientras lleva su cadáver en un barco; Ligeia (Ligeia), que detalla los estragos de una dilatada enfermedad en el cuerpo y el rostro de una joven hermosa. Muchos otros relatos expresan la tortura mental a la que se sometía E.A. Poe durante el período más virulento de la enfermedad de Virginia. Basta leer El corazón delator (The Tell-Tale Heart), El gato negro (The Black Cat) o El barril de amontillado (The Casque of Amontillado) para percibir un ligero distanciamiento entre el poeta y la realidad que le tocaba vivir.
Pocos meses antes de morir, presa del alcoholismo y una fuerte adicción de la morfina, Edgar Allan Poe tomó el manuscrito de su primer cuento publicado, Metzengerstein (Metzengerstein), y corrigió una línea que lo había obsesionado tras la muerte de su esposa. Las ediciones posteriores, acaso por respeto, conservaron esta corrección, ya que en el original podía leerse una terrible profecía.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Tenía tanto que darte


Una excelente interpretación en medio de la plaza de Cataluña de esta canción de Nena Daconte, gracias sobre todo a la labor del violinista callejero Fiti.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Landfill Harmonic


Una orquesta de un humilde barrio de Paraguay. Digno de difundir para aquellos que trabajan por la felicidad de los menos privilegiados…

sábado, 15 de diciembre de 2012


CUENTO DE HADAS

Había una vez (y fueron tantas veces)
un hombre que adoraba a una mujer.
Había una vez (la vez fue muchas veces)
que una mujer a un hombre idolatraba.
Había una vez (lo fue muchas más veces)
una mujer y un hombre que no amaban
o aquel o aquella que los adoraban.

Había una vez (tal vez sólo una vez)
una mujer y un hombre que se amaban.

Robert Desnos

(Versión de Germán Zuluaga Uribe)


jueves, 13 de diciembre de 2012

Folk extremeño


Una canción de folk extremeño.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Riders on the storm


Cuando descubrí a los Doors corría el año 1972. Acababa de morir su cantante y líder, Jim Morrison, de una sobredosis en un hotel de París. Compré sus seis LP, los escuchaba a todas horas. Me gustaba todo, sobre todo su último disco, L.A. Woman (Mujer de Los Ángeles). En particular, el fondo rítmico del último tema, “Jinetes en la tormenta” me fascinaba entonces y me encanta ahora, un blues fantástico. Ray Manzareck, el teclista, en su mejor momento, aunque andaran todos medio peleados por las excentricidades del que habría de morir 3 meses después de terminar la grabación.
Mi grupo favorito cuando joven.

martes, 20 de noviembre de 2012

Como el Gatopardo de Lampedusa


Hace como un año, los sindicatos vivían un momento en que eran denostados por los gobiernos regionales y eran tratados de inútiles por los integrantes del 15M y la ciudadanía casi en pleno. Tras la victoria del PP han encontrado el camino franco (como Sánchez Gordillo, que vivía en el desván) para recuperar imagen y poder de convocatoria. El 15M era un movimiento anarquista, disperso, sin cabeza ni organización, con reivindicaciones imposibles. Aquí estamos nosotros para seguir siendo los intermediarios con el poder político. Lo mismo que la Iglesia se presenta como intermediaria entre los hombres y Dios, y en ello basan su poder, los sindicatos hacen lo propio entre los trabajadores y el poder político a fin de seguir conservando sus prebendas y su posición destacada.
Luego miras al Gobierno y la oposición. Miras sus relaciones con bancos (que les financian) y mercados financieros (de los que depende su poder). Escuchas al Gobierno pepero hablando de las “insoportables situaciones creadas por los deshaucios”, de “la crueldad del procedimiento” y lo dicen tan frescos, como si no les hubiera importado un bledo durante varios años (lo mismo que a la oposición cuando estaba en el poder). Los del PP mienten con total desfachatez (prototipo Soraya, la vicepresidenta), esperan que escampe el temporal de cara a las siguientes y aún lejanas elecciones y establecen su clientela entre “amigos” (véase Madrid Arena, como si el caso Gürtel nunca hubiera existido). Los socialistas tratan de reconstruir un discurso deteriorado y rancio, a la espera de que los errores del PP les permitan levantar cabeza, con la anuencia de los sindicatos (dos cojos sujetándose entre sí para caminar) y esperando en un futuro arañar más poder autonómico, local y nacional, para formar su propia clientela.
Éste es el país del Gatopardo de Lampedusa: Cambiemos todo para que todo siga igual. Con todos los errores cometidos por la banca en sus impulsos insaciables, están recibiendo el dinero que sacan del bolsillo de los ciudadanos para incrementar sus cuentas, con los casos de corrupción habidos en el seno del PP ahí están tapándose las vergüenzas y hablando de horizontes esperanzadores en el 2014, con la pasividad y colaboración de los sindicatos con el gobierno socialista tantos años, ahí están dando mítines. Hay más sufrimiento, más angustia para terminar el mes, para sobrevivir, pero a todos esos (gobierno, oposición, sindicatos, banqueros y mercaderes) les da igual. Sólo quieren retocar aquí y allá (nueva ley del deshaucio, reformas del mercado laboral, palabrería tras el consejo de ministros) para que todo siga igual y los mismos se mantengan en el poder sin cambiar un ápice sus beneficios.
Hay pocas cosas en las que creer: en el sufrimiento de los ciudadanos, en su rabia y frustración; en el trabajo generoso de muchos, aunque sea a través de organizaciones cuestionables, como Cáritas, ONGs o la Iglesia. Poco más. Las instituciones sólo pretenden controlar a los anteriores, conservar los mecanismos de poder, seguir chupando de los beneficios menguantes de este país que no se levantará en una década al menos y siempre que la demanda exterior se lo permita.